
Trabazos de Cabrera es un bello y sencillo pueblo cuyo casco histórico se va desmoronando. Dentro de su pobreza y sencillez tuvo un pasado con cierta gloria. Salvo que algún organismo o institución oficial intervengan, su hermosa calle y sus típicas construcciones, último reducto de una manera práctica y sencilla de construir, se perderán para siempre
viernes, 11 de noviembre de 2011
Refranes, dichos...

sábado, 29 de octubre de 2011
El Picu LLugar
A mi siempre me gustó mucho más el Picu LLugar, aunque nací y me crié en el Fondo LLugar. El Picu LLugar es un barrio en cuesta, con un gran atractivo y que hoy, por desgracia, es una verdadera ruina. En mi ultimo viaje de hace quince días pude ver y constatar que un par de casas se habían caído y otras se estaban desmoronando. Una verdadera lastima.
Dispongo de una fotografía que recoge aún ese rigueiro sin pavimentar. Tiene el atractivo de la calle como siempre fue. Y en ella se ven las casas en pie, casas que a día de hoy se han ido cayendo.
Me planteé borrar con el photoshop la figura de Adelaida, guapa moza, que aparece en la fotografía, pero no hubiera sido justo. Ella forma parte de la misma.
Hacía tiempo que no escribía en el Blog y me he encontrado a gusto haciéndolo. ¡ Gracias, Emiliano, por mantener el rescoldo vivo con tus siempre acertados posts y esas fotos tan sugerentes !.
Un abrazo. Jerónimo
domingo, 2 de octubre de 2011
Crónica de un viaje a Trabazos de Cabrera

Él lo ha llamado así: "Crónica de un viaje a Trabazos de Cabrera", es un relato sobre un ayer más real y menos imaginario; me lo ha enviado Manolo (Manuel Cuadrado) un amigo que, junto a su familia, nos visitó un buen día este verano.
Para mí es algo personal, un relato cargado de emoción y cariño, pero que seguro refleja los sentimientos y recuerdos de muchos de nosotros, niños de ayer; es por ello (con su permiso) que lo quiero compartir con vosotros en este humilde rincón, sitio que a él también le gusta. Helo aquí:
CRONICA DE UN VIAJE A TRABAZOS DE CABRERA
El día amanecía con un radiante cielo azul, aunque el rocío de la mañana delataba el final del verano.
Era una jornada idónea para visitar, por primera vez, un pueblecito de la desconocida Cabrera. Para quien esto escribe, nacido y criado en las faldas de El Teleno, aquella comarca que se escondía “detrás de la sierra”, siempre fue próxima y lejana a la vez, como una frontera atávica que nos separaba de gentes sufridas y tierras hostiles.
A media mañana llegamos a Trabazos. Nos esperaba, no sin cierta impaciencia, nuestro anfitrión y su familia.
Este lugar escondido entre nogales, robles, castaños, moreras y salgueras, tuvo que ser antaño un núcleo con muchos vecinos. Hoy las gentes faltan y muchas de sus casas no han resistido el paso del tiempo, otras tienen una arquitectura peculiar de difícil catalogación y las menos, manifiestan la naturaleza urbana de lo que en esencia tuvo que ser este pueblecito.
Mi agradecido amigo, iniciaba una larga exposición sobre lo que íbamos viendo en nuestro paseo. Yo, que le escuchaba atentamente, valoraba la vehemencia con la que respondía a mis preguntas e inquietudes. Sin duda, su niñez tuvo que ser muy feliz aquí.
Me figuraba a mi acompañante en su cama, cuando, poco antes de levantarse para ir a la escuela, oía la “campanina” de la iglesia que, según su son, llamaba a los vecinos a concejo, a funeral o a fiesta.
Supongo que muchas mañanas escuchaba el ruido de cascos; cuando por delante de su ventana y subiendo la calle “el regueiro” arriba, caminaban lentamente unas vacas nervudas, pequeñas, fuertes y curtidas en mil labores del campo, hasta que el sonido de sus esquilas y trancas se perdía en las últimas casas del “Pico del Lugar”.
Me imagino un niño en sus correrías y juegos por caleyas y regueros, praderas y laderas, huertos y carrunas; de estreno de ropas principales el Día del Patrón; de largos, blancos y gélidos inviernos con calcetines de lana y chanclos mojados; de días de escuela de “pizarrín” y enciclopedia Álvarez; de fiestas familiares y matanzas del cerdo con animosos comensales; de juegos a la pelota en unos lugares de geografía imposible…
Pienso en largas pláticas con el abuelo sobre “cosas de la vida”, ambos sentados en ese rincón abrigado de “La Carruna”, donde en invierno sale y se pone el sol. Imagino veladas y seranos con historias increíbles a la luz del candil o de una tenue bombilla en una cocina de “llume” y veranos de trajín incesante y de ir y venir de carros chillones, ya colmados de “yerba”, ya cargados de “pan” con destino a las eras, conquistadas por un mar de medas.
Ensimismado en nuestro paseo, por un momento observo que la emoción embarga a mi amigo. Sus ojos claros y levemente húmedos, denotan el amor, ternura y devoción que siente por su madre. Madres y esposas abnegadas, trabajadoras incansables con una prematura pérdida de juventud y vertiginosa madurez.
Al finalizar la jornada, cuando nos alejábamos del pueblo y ensimismado en mis pensamientos, pienso que la infancia y temprana juventud de mi amigo cabreirés y las de quien esto escribe, tienen sorprendentes parecidos.
Gracias familia Carrera Pérez. Gracias Emiliano.
martes, 20 de septiembre de 2011
Pequeñas historias...
Todo esto daba lugar también a situaciones que aprovechaban algunos para que "el augua regara el sou prao" (por ejemplo), pues siempre había convecinos que se podían asustar y otros se aprovechaban de ello. Poco importaba que esas situaciones y sonidos los hubiera provocado algún ser mucho más cercano, como un animal suelto con una cadena arrastras. Situaciones como aquella en que un hombre aprovechando la oscuridad, se colocó una piel de perro sobre la cabeza, algo que realmente surtiría efecto y asustaría, pero que ante la amenaza del oponente se apresura a quitar.
Otras historias algo anteriores (años 40) en plena posguerra, tenían unos protagonistas mucho menos etéreos; como las que parece ser ocurrían con alguna frecuencia en las noches (o días) de tiempos que, aunque seguramente también gratos, seguro fueron bastante difíciles. Una de ellas cuenta como un día estando de fiesta, llegaron los "unos" (huidos, maquis) y exigieron comida, luego los "outros" (guardia civil) y por supuesto también. Después de algún pequeño y habitual incidente entre "unos" y "otros" , pero no suponiendo un problema insalvable, el tabernero y anfitrión se encontró con algo habitual, que nadie pagaba las viandas consumidas. No es de extrañar que al ser llamado por la autoridad competente para ser interrogado sobre lo sucedido , y después de darle las explicaciones pertinentes, adujera en su defensa y con mucha razón: "chegonon (llegaron) unos y comienon, chegonon los outros y tamién; pero a mí, ¿quién me paga la ouveya (oveja)?. Ante esto, supongo que después de alguna advertencia y con una inevitable sonrisa, lo despidió e invitó a seguir con su vida.
Un abrazo para todos.
Emiliano
miércoles, 17 de agosto de 2011
Coplillas...
domingo, 19 de junio de 2011
Usos y costumbres... "EL BRUXO".
Puede parecer que retrocediéramos en el tiempo hasta épocas lejanas, en que la protección contra el mal también era encomendada a espíritus y seres mitológicos, junto a ritos y conjuros mágicos. Pero es algo mucho más cercano, aunque el fin sea el mismo. Se trata de una tradición que seguro es ancestral, como tantas otras que se perderán en el olvido, donde está presente uno de los elementos más habituales en este tipo de ritos, que es el fuego. Gracias Lucy, gracias Inés por compartirla.
Se trata de "el bruxo", un "tuero" o tronco bastante grande que normalmente era de roble o encina, seguro centenario como la propia tradición, pues tenía que durar ardiendo toda la Navidad. Se ponía al fuego el día de Nochebuena durando hasta el día de Reyes, por lo que tendría que estar recién cortado para que ardiera poco a poco. La "cernada" o ceniza también tenía sus propiedades, por lo que era recogida para luego ser utilizada en la cocción del lino como elemento blanqueante, para que "aclariara" o blanqueara.
Parece que era importante la posición en que se colocaba el tronco sobre el fuego. Mientras la leña habitualmente era colocada sobre los "murillos" (artilugio de hierro para colocar la leña y airear el fuego, poner los "llumbreiros" o teas, mantener las "tarteiras" de caldo caliente, etc.) según la entrada en la cocina, "el bruxo" era colocado al contrario, es decir, mirando hacia la puerta de entrada (siempre que fuera posible). Esto era así porque de esa manera estaba mejor colocado para vigilar que sólo entraran los buenos espíritus y las cosas buenas, protegiendo la casa, los ganados y también a sus gentes de todo lo malo.
Aún teniendo en cuenta esto, alguna madre y abuela parece que se impacientaba, pues también resultaba un engorro en la cocina "baxa" (en el suelo) por falta de espacio, limitando a su vez el colgar el pote en la "bergancia" o cadena sobre el fuego.
Cabe pensar que esta costumbre o tradición, como otras, tendría una evolución y adaptación en cada lugar y a lo largo del tiempo. En cualquier caso, tengo que reconocer que a mí me parece algo muy bello, que responde perfectamente a una necesidad a la vez muy humana.
Buen verano-invierno para tod@s.
Un abrazo.
Emiliano
jueves, 26 de mayo de 2011
Dichos, refranes...

miércoles, 27 de abril de 2011
El "conceyo" o concejo.
Aun cuando yo no recuerdo una diferenciación entre Acuerdo y Concejo, oyendo siempre el término "Conceyo" para referirse tanto a las reuniones como para la realización de los propios trabajos acordados, y después de hablar con otras personas al respecto, todo indica que esa diferencia existía.
El Acuerdo podemos definirlo como la reunión del "Conceyo", es decir, de los vecinos convocados por el presidente de la junta vecinal y representados por el cabeza de familia o persona capaz para el trabajo, para deliberar y decidir sobre temas comunes, que una vez aprobados eran norma a respetar por todos. Las ordenanzas eran de obligado cumplimiento aunque no todas estuvieran escritas, pues muchas eran costumbres que se repetían año tras año (aprovechamiento de pastos, reparación de “mouyones”, el riego, la “veceira”, etc.). Se pasaba lista o "recuento" y sancionaba la no asistencia, a menos que estuviera justificada.
También comprendía acordar los trabajos propios de la comunidad para el mantenimiento de sus bienes (caminos, presas de riego, el molino, la iglesia, fincas etc.) que luego se hacían en el Concejo; así como para informar de avisos y requerimientos de otras Administraciones, haciéndolo habitualmente los domingos a la salida de misa.
El "conceyo" o concejo era el encargado de la realización de los trabajos acordados, representado por el presidente y dos vocales, con el conjunto de los vecinos. La no asistencia era sancionada con una cantidad de dinero (el jornal) u otras formas como la cántara o garrafón (16 litros) de vino, que se consumía en el propio concejo.
Era una Entidad organizada administrativa y jurídicamente, conservando por tanto cierta independencia frente a otros organismos. En los últimos años, sus funciones se han reducido al mínimo, pues hay necesidades pero poca población.
Siempre fue un referente dentro del pueblo, representando el compromiso y la solidaridad como valores identificativos de la comunidad, del trabajo en y por el común, pues era algo imprescindible para la propia pervivencia del pueblo y sus gentes. Un ejemplo eran las "bouzas", parcelas de monte que se limpiaban y trabajaban, repartiendo la cosecha entre varios vecinos, suponiendo una ayuda más para las maltrechas arcas. Esto llegaba incluso hasta el último viaje, la muerte, pues todos los vecinos tenían la obligación de enterrar a los difuntos, haciéndolo cuatro de ellos por turno “la velía”; a la familia se le ayudaba con la "limosna". También funcionaba en momentos de necesidad para ayudar a un vecino por enfermedad u otra desgracia.
Se puede tomar como un referente político, pues la democracia siempre estuvo presente en su funcionamiento. Si bien todas las opiniones eran tenidas en cuenta, recuerdo que había algunas personas especialmente dotadas para mediar y facilitar el acuerdo.
Como norma, había un sitio fijo para la reunión, que en Trabazos era el Cristo, al lado de la ermita. Aparte de estar en el centro del pueblo, el nombre le viene bien si tenemos en cuenta que algún "cristo" se formaba alguna vez, pues no todo era paz y armonía.
Como señal de aviso se tocaba la campana grande de la iglesia, siendo un toque específico ya mencionado en otra ocasión.
La evolución social y cultural nos ha llevado a un mayor individualismo, perdiéndose parte de esas costumbres tan importantes en su tiempo y arraigadas en el pueblo. En fin, yo creo que sigue quedando parte de lo que vimos y aprendimos.
Por sus acertados comentarios en este y otros temas, quiero dar las gracias a mi hermano Moisés, todos tenemos cosas que aportar.
Un saludo para todos.
Emilianosábado, 19 de marzo de 2011
A vosotros, padres...

sábado, 26 de febrero de 2011
Costumbres

Entre las muchas y curiosas costumbres que había en Trabazos y demás pueblos de Cabrera, estaba la de "pagar el piso". Consistía en que el novio cuando era forastero, tenía que pagar un convite a los mozos del pueblo de la novia, hecho éste que no siempre lo libraba de acabar metido dentro de un pilón de agua. Esto era más habitual en unos pueblos que en otros, no recordándolo yo en Trabazos. No sé hasta qué punto sería usado como método disuasorio, aunque, a la hora de ofrecerse a una moza para "allumarye" o acompañarla a casa con una luz, pudiera ser un detalle a tener en cuenta.
Quién sabe si alguno-a de ellos-as aplicaba en estas situaciones aquella coplilla que dice así:
"En mi puerta chameste
y estornudeste,
eillí estaba you entoncias,
¿cumu nun entreste?.
Lo más frecuente eran los matrimonios entre mozos y mozas del mismo pueblo; pero en cualquier caso, si la relación de la pareja llegaba al altar, harían el evento y la fiesta en función de los posibles de las familias. Cuando esos posibles lo hacían posible, llevaban a cabo la "tornaboda", que consistía en repetir al día siguiente en la fiesta con sus bailes y convite.
Claro que para llegar ahí, como norma, tenían que pasar la prueba de los "ploclamos" o proclamas, pues algunas veces les era otorgada dispensa por parte del obispo; éstas eran leídas por el sacerdote en la iglesia durante tres domingos consecutivos. Consistían en algo así: "pretenden contraer matrimonio (leían los nombres de los novios); si alguno de los aquí presentes conociese algún impedimento, tiene la obligación de decirlo..." citando luego el número de amonestación. Siempre buscaban el elemento sorpresa en cuanto al día, aunque no siempre lo consiguieran. Una muestra de ello era, quizá, cuando le "echaban el rastro". Consistía en que los mozos hacían un rastro o senda de paja desde la puerta de la casa del novio hasta la de la casa de la novia, quedando al descubierto las intenciones inminentes de la boda.
Como la era virtual estaba un poco lejana, el contacto visual facilitaría las comunicaciones y declaraciones amorosas, siendo tal vez más directas y personales, donde el entorno tendría su importancia. A mi me llama la atención una, quizá por extrema, donde la comunicación era más que mínima y los gestos la señal definitiva. No sé si utilizada en Trabazos, consistía en algo así: "el mozo iba a casa de la moza con una banqueta, si al sentarse a su lado ella no se iba, era que daba su conformidad".
Curiosas costumbres, a ver si alguno-a recuerda y comparte cosillinas, anécdotas, costumbres, etc. Mirad en el baúl, seguro que hay muchas. Animaros.
La foto es del año 1963 (buen año). Gracias Jose, Josefina Cañal Carrera por facilitárnosla. Seguramente algún visitante del blog se reconoce en ella.
Un abrazo para todos.
Emiliano
domingo, 6 de febrero de 2011
Los del Monte
Enlace: http://www.rtve.es/alacarta/#1001785
jueves, 6 de enero de 2011
Pequeñas historias...
martes, 21 de diciembre de 2010
En el recuerdo
Que el Apostol Santiago, patrono de Trabazos, guíe sus pasos y los colme con sus bendiciones
sábado, 20 de noviembre de 2010
Pequeñas historias...
Corrieron "outros" y diferentes tiempos en muchos ámbitos de la vida en Trabazos, donde la lengua hablada era fundamental y por ende que tuviera una gran riqueza.
Como el ritmo de vida era mucho más relajado que ahora, siempre había un "ratín" para la tranquila y buena plática, "recachándose" al sol en una de sus "carrunas"; favoreciendo el que historias , leyendas y anécdotas circulasen entre las gentes pasando de unas generaciones a otras. Como aquella ocurrida en un encuentro entre una pareja de jóvenes, donde él hace algún comentario pícaro y jocoso, ante lo cual ella le contesta con otro del mismo tono, diciendo:
"Ayón, ouyiste mistoferrer:
Eiquí te lo tengo,
eiquí te lo trayo.
Y nun te lo doy
por darte regaño".
También estaban las labores del campo, donde se pasaban largas horas en compañía de otros. Recuerdo estar "rozando las cerraduras de los praos" con mi padre allá por los meses de Marzo y abril, con el tiempo haciendo sus típicas marciadas, ahora lluvia, ahora sol, donde la primavera empieza a empujar al invierno para que abandone y le deje paso. En estas, comienza un mirlo a deleitarnos con su cántico en un gran concierto, después de un tiempo escuchándolo me dice mi padre: "ya chega la primavera, que ya canta el chirlomirlo no alto de Padornela".
Son retazos que se recuerdan cuando surge el mínimo detalle, como al oír en un parque el ronco zureo de un "torcal" o paloma torcaz, recordando una versión aplicada a su insistente parloteo que dice así: "Fuste a la feira; fui, fui; y viste a la novia; vi, vi; y ¿qué ye feciste?; lo que tú nun viste".
O esta otra aplicada al acuerdo entre un "torcal" (paloma torcaz) y un "gayo" o arrendajo, para que éste con sus muchos conocimientos de construcción y destrucción de nidos, le hiciera uno bien hecho para que los demás pájaros no se burlasen de él, en nada parecido al suyo preparado con unos simples palos entrelazados. Mientras el "gayo" trabajaba afanosamente el "torcal" no se iba de su lado, aprobando su buena labor con su constante zureo : "Así, así, sí; así, así, sí". Cansándose finalmente el "gayo" de tanta insistencia, se marchó de allí diciéndole con su estridente y agudo grito: "Rayo, si tanto sabes, falo".
Un saludo para todos.
martes, 26 de octubre de 2010
Familia Moro - Villarpriego
domingo, 26 de septiembre de 2010
La veceira
Una muestra más de la importancia en cuanto a la organización del común en el pueblo fue la “veceira”. Se trataba de pastorear en el monte las vacas de todo el pueblo, encargándose para ello 4-3-2 vecinos (pastores), según de que años hablemos (unos 200 animales en los años 40, y unos 50 en los años 80). Como tantas otras cosas se hacía por turno “la velía”, un día por cada vaca que hubiera en la casa.
Comenzaba a funcionar en marzo, durando hasta noviembre. Primero se pastaba el monte en general, guardando los “coutos” o praderas para el verano, pues eran zonas más húmedas y tenían más pasto.
Desde el 29 de junio hasta el 8 de septiembre se dejaban por la noche en el monte, durmiendo los pastores con ellas (unas en la mayada y los otros en la choza), pues había que protegerlas de los lobos. Recuerdo aquellas camas hechas con las ramas de las “uces” o brezo y las "queirogas", no eran precisamente de látex. Se alternaba 15 días en cada valle: la “Llama” con su valle de “Carrizales” y los “Conforcos” por un lado; y la “Llama de la Vayada” con la “Llama el Corral” y los “Vasillinos” por otro, dejando tiempo para que los pastos se recuperasen.
Durante estos meses también estaba la “veceira de leche”, que consistía en que una persona (por velía) llevaba al monte por la mañana las vacas paridas o que se ordeñaban o “muñian”, buscándolas también al anochecer. Los animales que se necesitaban para trabajar y no eran de leche, se le encargaba a su vez para que los recogiera.
Por último, se comenzaban a pastar los “coutos” de la “faceira” (Trillocastro, Sacediellos, La Busteiriega, LLamacayíu, etc.) y las tierras de “rastroyo” o rastrojo, mientras se hacían los trabajos propios de la época, como la “sementeira”.
La señal de salida era un toque de campanina en la ermita, a primera hora de la mañana, llevándolas hasta el “Pozo los Caleyos” donde se hacían cargo los pastores, siendo éste el mismo punto para recogerlas por la noche.
Hace más años pasaban por el camino de “Torcida Mala”, que como bien indica su nombre, es torcido y malo. Como es un paso estrecho donde se mataron varios animales, decidieron hacer la “parede” o pared allá por los años 40-50, sirviendo de referencia para pasar cada año por uno de sus lados, según que “faceira” estuviera sembrada de centeno. El proyecto parece que llegaba hasta el “Areneiro” donde se terminaban las tierras de labor, supongo que teniendo en cuenta el esfuerzo a realizar decidieron parar antes.
Yo no lo conocí, pero por esos años y mucho antes también llevaban una parte de los animales más jóvenes (xatas, ñuviellas) durante el verano para la sierra de Campo Romo, allá por Silván y La Cueva. Subían por el camino de la Fraga, siendo el punto de encuentro y partida el "turriyón". Supongo que algún impuesto pagarían a los dueños de esos pagos, en los que algo tenía que ver el Marquesado de Villafranca.
No estaría mal disponer de alguna foto, si alguien la tiene que la comparta ¿verdad? Las de arriba, una es la “Llama la Vayada”, uno de esos parajes donde se dormía con la "veceira", y la otra la "faceira" con alguno de los "coutos" y la "parede".
Espero no errar en las fechas y cifras, si bien la nebulosa del tiempo es imparable.
Saludos para todos.
Emiliano
lunes, 9 de agosto de 2010
Trabazos
domingo, 4 de julio de 2010
Canto del Encuentro

Como lo prometido es deuda, aquí queda la copla o cántico que el Domingo de Pascua cantaban en la procesión del Encuentro, precisamente cuando se producía ese encuentro entre las imágenes de La Virgen María y Jesús en la Cruz. Sólo agradecerle a mi hermana Rosalía el que nos consiguiera una copia de este hermoso cántico antes de perderse definitivamente.
CANTO DEL ENCUENTRO
¡Ay! que mañana de pascua,
¡Ay! que mañana de flores,
¡Ay! que mañana de pascua
cantaban los ruiseñores.
Ya repican las campanas,
ya salió la procesión,
ya salió la cruz triunfante
donde murió el Redentor.
Ya salió la palomita
de su blanco palomar,
ya salió la palomita
que a su Hijo va a buscar.
Lo busca de huerto en huerto
y de rosal en rosal,
de ermita en ermita
y de altar en altar.
¡Ay! madres que tengáis hijos
ayudádmelo a buscar,
que las que no los tienen
no saben de tanto mal.
Apártense los casados
el estandarte y la cruz,
las casadas con María,
los casados con Jesús.
Ahí viene Jesús,
aquí traemos a su madre
que dice que no lo ha visto
desde el jueves por la tarde.
Quitadle ese velo negro
a la sagrada María,
quitadle ese velo negro
y cubridla de alegría.
Un saludo para todos.
Emiliano
martes, 15 de junio de 2010
TRABAZOS SE VA QUEDANDO SOLO....
jueves, 6 de mayo de 2010
A vosotras, madres...
No todos pueden decir que han nacido de pie. Pues bien, muchos de nosotros sí podemos hacerlo, pues aunque suene a algo muy lejano en el tiempo, así es como solían parir nuestras madres en Trabazos, "en cucliellas", paseando durante el trabajo de parto de un lado para otro. "Cualquiera paraba con aquellos dolores" me dice mi madre recordando aquellos momentos.
Seguro que la carencia de medios era compensada con el cariño y buen hacer de las parteras, vecinas ya expertas en esos menesteres, aunque no pudieran evitar que alguna vez el escurridizo recién nacido fuese a parar al duro y frío suelo. Dicho así, parece más una prueba de selección y supervivencia donde solo quedan los más fuertes, o los de cabeza más dura.
Desde este humilde rincón, brindar por ellas, un homenaje a esas nuestras madres, trabajadoras incansables a lo largo de su vida, figura imprescindible en la familia y la comunidad. La casa y crianza de los niños eran una parte más de sus muchas labores, pues participaban en los trabajos del campo igual que los hombres, pastoreaban los ganados por el monte, donde era bastante habitual oírlas cantar con alegría.
"Arrimeime a un pino verde,
por ver si me consolaba,
y el pino como era verde,
de verme churar, churaba"
A ellas, que con sus manos amasaban el pan que se arrancaba al pobre terruño, siendo símbolo de la unidad familiar y educando siempre desde el cariño y la humildad en valores humanos.
Gracias por vuestra herencia.


