http://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos/6641 : Manuel Carrera Penabad vendiendo helados en las playas de Mar del Plata.
Jerónimo Carrera Cañal
Trabazos de Cabrera es un bello y sencillo pueblo cuyo casco histórico se va desmoronando. Dentro de su pobreza y sencillez tuvo un pasado con cierta gloria. Salvo que algún organismo o institución oficial intervengan, su hermosa calle y sus típicas construcciones, último reducto de una manera práctica y sencilla de construir, se perderán para siempre
Usos y costumbres
Cuando había y hay problemas, las soluciones se buscaban y buscan entre los posibles del momento. Hace más años, los remedios naturales representaban la posible solución a muchas de estas situaciones y dolencias.
Entre la variedad de plantas utilizadas para usos terapéuticos estaba la ortiga, siendo usada de diversas formas. Por ejemplo como infusión contra el estreñimiento, como diurético y también reconstituyente; pero quizá fuera para uso externo lo más habitual, con sus propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias y calmantes; también después de pasar frio aplicando el brebaje para calmar los sabañones. Llama la atención otro uso externo, por los golpes que alguno se daba con ellas en las extremidades como terapia contra el reuma y otras dolencias. Aunque quizá no todo fueran propiedades benéficas, pues parece que en alguna ocasión, después de recoger una madre ortigas para cocer a los cerdos como alimento (era otro de sus usos) y estando amamantando a su bebé, se le cortó la leche.
Otro producto natural usado como método terapéutico era la "llana" o lana de las ovejas, con sus propiedades térmicas y por lo visto también antitérmicas. Las prendas de vestir hechas con ella (jerséis, calcetines, etc.) aparte de quitar el frío en los rigurosos inviernos, eran utilizados como terapia contra la fiebre y dolores musculares. Comenzaban dando friegas (más o menos intensas) con ellos por alguna parte del cuerpo, no debiendo poner demasiado ímpetu en ello para no llegar a provocar "dixobas" o heridas, aplicando a continuación algún líquido que hubiera a mano, como por ejemplo el aguardiente, el vinagre o la "lucerina" (petróleo usado para los candiles de alumbrado). Supongo que algo de esa efectividad también se conseguía por el efecto refrescante, pues el calor producido o aumentado con las friegas pudiera ser mitigado con el líquido usado.
Un saludo.
Emiliano
Perlas del pasado...
Otros tiempos, otras costumbres, otras gentes. Cuando las mentes (aún con su menoscabo) retroceden en el tiempo y recuerdan bellos fragmentos del pasado, hay momentos que uno se emociona un poquito... Gracias mamá.
Nos podemos imaginar aquellos seranos, tan propicios para mantener y fomentar la vida social durante los fríos inviernos, donde también había lugar para la diversión, cuando al son de una simple pandereta cantaban y recitaban sus penas y alegrías en coplillas como estas:
"Esta pandereta que toco
yía de pelleya d 'ouveya,
ayer berraba nu monte
y güei toca que rabieya".
O esta otra:
"Cuando you m'eché novio
ye lo dixe a la mi güela;
estaba cumiendo caldo,
tiroume cuna cazuela"
*****
Un saludo.
Emiliano

http://www.youtube.com/watch?v=U3Euf4rtQUs&feature=related
Trabazos aún mantiene, aunque cada vez menos, algunas muestras de la arquitectura tradicional de la Cabrera. Esas casas de piedra con los tejados de pizarra, (llouxaos). Esos balcones y solanas, aprovechando el espacio y buscando casi siempre el sol. Esas esquinas redondeadas que contienen los viejos fornos en los que cocer el pan. Y esas chimeneas de la misma pizarra que el tejado.
Todo ello lo podemos admirar en el vídeo al que se accede desde el enlace. Una bella composición con los dibujos a lápiz y grafito de Pilar Ortega y los óleos de Severino Carbajo. La primera casa es la de mi abuelo Jerónimo: "La Casa del Forno", hoy ya mutilada, a la que le falta el bello balcón y un tejado arruinado.
Esta colección ha sido expuesta en distintos foros, desde el Museo Etnográfico de Zamora a distintas salas y lugares de la geografía, sobre todo de Castilla y León.
A la emoción de admirar unos dibujos y pinturas que representan nuestro pasado, se une la tristeza de constatar que poco a poco este patrimonio va desapareciendo ante la desidia y abandono de las instituciones que deberían interesarse por el mismo.
Yo he podido contar dos casas, dos chimeneas y varias pinturas de las maderas en filigrana que adornaban la sencillez y simplicidad de los balcones de nuestro Trabazos.
Jerónimo Carrera
Esta es la fotografía del matrimonio formado por Paula Carrera Carrera y Aurelio Carrera Penabaz el día de su boda.
En esta fotografía aparecen tres trabazudos, hermanos entre ellos, guapos y llenos de vida: sentada Pilar Carrera Penabaz, a su derecha (mirando hacia nosotros) Aurelio y a su izquierda José.Entre las muchas y bellas leyendas habidas en nuestra tierra, está una que recoge nuestro amigo Manuel Garrido en su libro: "La brisa del jardín". Cuenta como el conde de Lemos y Señor de Cabrera, dejó su mejor caballo por sus valles y montes (de Cabrera), con la advertencia de que el primero que le diera malas noticias sobre él terminaría muerto. Todos acataron la decisión, permitiéndole incluso que destrozara los cultivos en sus largas galopadas. Pero un día apareció muerto el animal, creando gran desconcierto entre las gentes y la dificultad de decidir quién se lo diría al conde; finalmente se lo encargaron a un vecino determinado, no pudiendo éste negarse a ello por ser una decisión tomada en concejo. Se personó ante el conde, preguntándole éste por cosas varias del pueblo y al final por su caballo, a lo que el buen hombre contestó: "Su caballo está muy gordo y muy bizarro: le entran las moscas por la boca y le salen por debajo del rabo". Y el conde exclamó: "¡ Entonces, está muerto"!. A lo que el hombre se apresuró a contestar: "¡Pero yo no lo dije!". Así lo reconoció el conde, llegando a premiar la astucia de aquel cabreirés con una moneda de oro.
Otras leyendas están relacionadas con tesoros ocultos, enterrados; éstas circulaban entre la gente del pueblo dejando siempre cierta incertidumbre y un por si acaso, tal vez alimentado por la pura necesidad, algo que siempre ayudó a despertar la imaginación.
Algunos de los hombres más imaginativos y decididos del pueblo, incluso pusieron su empeño a base de pico y pala, dedicando algún que otro esfuerzo en su búsqueda. Como en aquella que dice así: “a la puerta de la mayada (majada) del Abraneu, hay enterrada una cruz de oro envuelta en una piel de toro”. En su búsqueda, era importante dónde incidía un rayo de sol a una hora determinada y en un día concreto (pudiera ser el solsticio de verano o el día de San Juan) pero luego faltaban los planos, que no se sabía bien donde se encontrarían; tal vez estuvieran en el archivo de Simancas, quizá los moros se los llevaran a Marruecos…¡quién sabe!. Todo esto daba lugar a anécdotas curiosas y también, cómo no, picarescas.
Un saludo para todos.
A los que nos gusta ver,oír y hablar de Trabazos y por tanto de Cabrera, puede ser este un año prolífico en trabajos, publicaciones y documentales. Aprovechando que se celebra el centenario de don Ramón Carnicer, así como los 50 años de su viaje por Cabrera, de donde nació su libro "Donde las Hurdes se llaman Cabrera", parece que son varias las actividades que se realizarán a lo largo del año. Entre ellas está este trabajo o documental, que seguro también estará bien, aquí queda el enlace para ver un pequeño anticipo del mismo:
http://www.bierzotv.com/html/2011/12/2011122104_teaser-la-cabrera-de-ramon-carnicer.html
Un saludo para todos.



Sabemos de las limitaciones que había en el pueblo, sobre todo si lo miramos con perspectiva, pues en su momento no limitaban tanto como nos pueda parecer ahora. Pero quizá por todo ello, el ingenio se despertaba para afrontar las dificultades surgidas en el día a día.
Hablando con mi madre sobre estos temas, me contaba cómo nos solían bañar las madres cuando éramos niños; calentando agua en un "caldeiro" o cubo grande, en invierno al fuego de la cocina "baxa" (en el suelo) y en verano a la solana, metiéndonos luego dentro; usando aquél jabón que ellas mismas hacían y que seguro dejaba la piel bien hidratada, pues entre otros ingredientes también llevaba sebo. Como esto no se podía hacer todos los días (la norma parece que era los domingos que se podía) la higiene sería la que podía ser; si bien parece que no andábamos "engodriaos" o muy sucios, alguna vez sí que estábamos algo "enllabardinaos" o embadurnados. Yo recuerdo el comentario de que "no andábamos sucios, aunque sí remendaos" . En alguna otra ocasión y tal vez viendo los resultados, alguna mano bondadosa osaba también bañarnos y asearnos alguna vez, a lo que respondíamos (seguro que entre unas buenas risas de los mayores) con quejas por quitarnos nuestro "natural moreno".
Por otro lado, también estaba la socorrida y seguro eficaz medicina natural, usando plantas como el ajo o "ayo" con sus múltiples propiedades bien conocidas: como depurativo, antiséptico, sedante, descongestionante, para la fatiga, anemia, entre otras. Cuando los niños tenían lombrices, también les aplicaban el ajo en el ano como método terapéutico, claro que con esas propiedades y sus componentes azufrados, cabe suponer que algún efecto beneficioso aportaría, aunque la efectividad también podría ser conseguida al ser ingeridos. Según cuenta la historia, como luego "tenían más sustancia", eran utilizados como condimento en la cocina.
Un saludo para todos.
Emiliano

A mi siempre me gustó mucho más el Picu LLugar, aunque nací y me crié en el Fondo LLugar. El Picu LLugar es un barrio en cuesta, con un gran atractivo y que hoy, por desgracia, es una verdadera ruina. En mi ultimo viaje de hace quince días pude ver y constatar que un par de casas se habían caído y otras se estaban desmoronando. Una verdadera lastima.
Dispongo de una fotografía que recoge aún ese rigueiro sin pavimentar. Tiene el atractivo de la calle como siempre fue. Y en ella se ven las casas en pie, casas que a día de hoy se han ido cayendo.
Me planteé borrar con el photoshop la figura de Adelaida, guapa moza, que aparece en la fotografía, pero no hubiera sido justo. Ella forma parte de la misma.
Hacía tiempo que no escribía en el Blog y me he encontrado a gusto haciéndolo. ¡ Gracias, Emiliano, por mantener el rescoldo vivo con tus siempre acertados posts y esas fotos tan sugerentes !.
Un abrazo. Jerónimo

Él lo ha llamado así: "Crónica de un viaje a Trabazos de Cabrera", es un relato sobre un ayer más real y menos imaginario; me lo ha enviado Manolo (Manuel Cuadrado) un amigo que, junto a su familia, nos visitó un buen día este verano.
Para mí es algo personal, un relato cargado de emoción y cariño, pero que seguro refleja los sentimientos y recuerdos de muchos de nosotros, niños de ayer; es por ello (con su permiso) que lo quiero compartir con vosotros en este humilde rincón, sitio que a él también le gusta. Helo aquí:
El día amanecía con un radiante cielo azul, aunque el rocío de la mañana delataba el final del verano.
Era una jornada idónea para visitar, por primera vez, un pueblecito de la desconocida Cabrera. Para quien esto escribe, nacido y criado en las faldas de El Teleno, aquella comarca que se escondía “detrás de la sierra”, siempre fue próxima y lejana a la vez, como una frontera atávica que nos separaba de gentes sufridas y tierras hostiles.
A media mañana llegamos a Trabazos. Nos esperaba, no sin cierta impaciencia, nuestro anfitrión y su familia.
Este lugar escondido entre nogales, robles, castaños, moreras y salgueras, tuvo que ser antaño un núcleo con muchos vecinos. Hoy las gentes faltan y muchas de sus casas no han resistido el paso del tiempo, otras tienen una arquitectura peculiar de difícil catalogación y las menos, manifiestan la naturaleza urbana de lo que en esencia tuvo que ser este pueblecito.
Mi agradecido amigo, iniciaba una larga exposición sobre lo que íbamos viendo en nuestro paseo. Yo, que le escuchaba atentamente, valoraba la vehemencia con la que respondía a mis preguntas e inquietudes. Sin duda, su niñez tuvo que ser muy feliz aquí.
Me figuraba a mi acompañante en su cama, cuando, poco antes de levantarse para ir a la escuela, oía la “campanina” de la iglesia que, según su son, llamaba a los vecinos a concejo, a funeral o a fiesta.
Supongo que muchas mañanas escuchaba el ruido de cascos; cuando por delante de su ventana y subiendo la calle “el regueiro” arriba, caminaban lentamente unas vacas nervudas, pequeñas, fuertes y curtidas en mil labores del campo, hasta que el sonido de sus esquilas y trancas se perdía en las últimas casas del “Pico del Lugar”.
Me imagino un niño en sus correrías y juegos por caleyas y regueros, praderas y laderas, huertos y carrunas; de estreno de ropas principales el Día del Patrón; de largos, blancos y gélidos inviernos con calcetines de lana y chanclos mojados; de días de escuela de “pizarrín” y enciclopedia Álvarez; de fiestas familiares y matanzas del cerdo con animosos comensales; de juegos a la pelota en unos lugares de geografía imposible…
Pienso en largas pláticas con el abuelo sobre “cosas de la vida”, ambos sentados en ese rincón abrigado de “La Carruna”, donde en invierno sale y se pone el sol. Imagino veladas y seranos con historias increíbles a la luz del candil o de una tenue bombilla en una cocina de “llume” y veranos de trajín incesante y de ir y venir de carros chillones, ya colmados de “yerba”, ya cargados de “pan” con destino a las eras, conquistadas por un mar de medas.
Ensimismado en nuestro paseo, por un momento observo que la emoción embarga a mi amigo. Sus ojos claros y levemente húmedos, denotan el amor, ternura y devoción que siente por su madre. Madres y esposas abnegadas, trabajadoras incansables con una prematura pérdida de juventud y vertiginosa madurez.
Al finalizar la jornada, cuando nos alejábamos del pueblo y ensimismado en mis pensamientos, pienso que la infancia y temprana juventud de mi amigo cabreirés y las de quien esto escribe, tienen sorprendentes parecidos.
Gracias familia Carrera Pérez. Gracias Emiliano.
Todo esto daba lugar también a situaciones que aprovechaban algunos para que "el augua regara el sou prao" (por ejemplo), pues siempre había convecinos que se podían asustar y otros se aprovechaban de ello. Poco importaba que esas situaciones y sonidos los hubiera provocado algún ser mucho más cercano, como un animal suelto con una cadena arrastras. Situaciones como aquella en que un hombre aprovechando la oscuridad, se colocó una piel de perro sobre la cabeza, algo que realmente surtiría efecto y asustaría, pero que ante la amenaza del oponente se apresura a quitar.
Otras historias algo anteriores (años 40) en plena posguerra, tenían unos protagonistas mucho menos etéreos; como las que parece ser ocurrían con alguna frecuencia en las noches (o días) de tiempos que, aunque seguramente también gratos, seguro fueron bastante difíciles. Una de ellas cuenta como un día estando de fiesta, llegaron los "unos" (huidos, maquis) y exigieron comida, luego los "outros" (guardia civil) y por supuesto también. Después de algún pequeño y habitual incidente entre "unos" y "otros" , pero no suponiendo un problema insalvable, el tabernero y anfitrión se encontró con algo habitual, que nadie pagaba las viandas consumidas. No es de extrañar que al ser llamado por la autoridad competente para ser interrogado sobre lo sucedido , y después de darle las explicaciones pertinentes, adujera en su defensa y con mucha razón: "chegonon (llegaron) unos y comienon, chegonon los outros y tamién; pero a mí, ¿quién me paga la ouveya (oveja)?. Ante esto, supongo que después de alguna advertencia y con una inevitable sonrisa, lo despidió e invitó a seguir con su vida.
Un abrazo para todos.
Emiliano
Puede parecer que retrocediéramos en el tiempo hasta épocas lejanas, en que la protección contra el mal también era encomendada a espíritus y seres mitológicos, junto a ritos y conjuros mágicos. Pero es algo mucho más cercano, aunque el fin sea el mismo. Se trata de una tradición que seguro es ancestral, como tantas otras que se perderán en el olvido, donde está presente uno de los elementos más habituales en este tipo de ritos, que es el fuego. Gracias Lucy, gracias Inés por compartirla.
Se trata de "el bruxo", un "tuero" o tronco bastante grande que normalmente era de roble o encina, seguro centenario como la propia tradición, pues tenía que durar ardiendo toda la Navidad. Se ponía al fuego el día de Nochebuena durando hasta el día de Reyes, por lo que tendría que estar recién cortado para que ardiera poco a poco. La "cernada" o ceniza también tenía sus propiedades, por lo que era recogida para luego ser utilizada en la cocción del lino como elemento blanqueante, para que "aclariara" o blanqueara.
Parece que era importante la posición en que se colocaba el tronco sobre el fuego. Mientras la leña habitualmente era colocada sobre los "murillos" (artilugio de hierro para colocar la leña y airear el fuego, poner los "llumbreiros" o teas, mantener las "tarteiras" de caldo caliente, etc.) según la entrada en la cocina, "el bruxo" era colocado al contrario, es decir, mirando hacia la puerta de entrada (siempre que fuera posible). Esto era así porque de esa manera estaba mejor colocado para vigilar que sólo entraran los buenos espíritus y las cosas buenas, protegiendo la casa, los ganados y también a sus gentes de todo lo malo.
Aún teniendo en cuenta esto, alguna madre y abuela parece que se impacientaba, pues también resultaba un engorro en la cocina "baxa" (en el suelo) por falta de espacio, limitando a su vez el colgar el pote en la "bergancia" o cadena sobre el fuego.
Cabe pensar que esta costumbre o tradición, como otras, tendría una evolución y adaptación en cada lugar y a lo largo del tiempo. En cualquier caso, tengo que reconocer que a mí me parece algo muy bello, que responde perfectamente a una necesidad a la vez muy humana.
Buen verano-invierno para tod@s.
Un abrazo.
Emiliano

Aun cuando yo no recuerdo una diferenciación entre Acuerdo y Concejo, oyendo siempre el término "Conceyo" para referirse tanto a las reuniones como para la realización de los propios trabajos acordados, y después de hablar con otras personas al respecto, todo indica que esa diferencia existía.
El Acuerdo podemos definirlo como la reunión del "Conceyo", es decir, de los vecinos convocados por el presidente de la junta vecinal y representados por el cabeza de familia o persona capaz para el trabajo, para deliberar y decidir sobre temas comunes, que una vez aprobados eran norma a respetar por todos. Las ordenanzas eran de obligado cumplimiento aunque no todas estuvieran escritas, pues muchas eran costumbres que se repetían año tras año (aprovechamiento de pastos, reparación de “mouyones”, el riego, la “veceira”, etc.). Se pasaba lista o "recuento" y sancionaba la no asistencia, a menos que estuviera justificada.
También comprendía acordar los trabajos propios de la comunidad para el mantenimiento de sus bienes (caminos, presas de riego, el molino, la iglesia, fincas etc.) que luego se hacían en el Concejo; así como para informar de avisos y requerimientos de otras Administraciones, haciéndolo habitualmente los domingos a la salida de misa.
El "conceyo" o concejo era el encargado de la realización de los trabajos acordados, representado por el presidente y dos vocales, con el conjunto de los vecinos. La no asistencia era sancionada con una cantidad de dinero (el jornal) u otras formas como la cántara o garrafón (16 litros) de vino, que se consumía en el propio concejo.
Era una Entidad organizada administrativa y jurídicamente, conservando por tanto cierta independencia frente a otros organismos. En los últimos años, sus funciones se han reducido al mínimo, pues hay necesidades pero poca población.
Siempre fue un referente dentro del pueblo, representando el compromiso y la solidaridad como valores identificativos de la comunidad, del trabajo en y por el común, pues era algo imprescindible para la propia pervivencia del pueblo y sus gentes. Un ejemplo eran las "bouzas", parcelas de monte que se limpiaban y trabajaban, repartiendo la cosecha entre varios vecinos, suponiendo una ayuda más para las maltrechas arcas. Esto llegaba incluso hasta el último viaje, la muerte, pues todos los vecinos tenían la obligación de enterrar a los difuntos, haciéndolo cuatro de ellos por turno “la velía”; a la familia se le ayudaba con la "limosna". También funcionaba en momentos de necesidad para ayudar a un vecino por enfermedad u otra desgracia.
Se puede tomar como un referente político, pues la democracia siempre estuvo presente en su funcionamiento. Si bien todas las opiniones eran tenidas en cuenta, recuerdo que había algunas personas especialmente dotadas para mediar y facilitar el acuerdo.
Como norma, había un sitio fijo para la reunión, que en Trabazos era el Cristo, al lado de la ermita. Aparte de estar en el centro del pueblo, el nombre le viene bien si tenemos en cuenta que algún "cristo" se formaba alguna vez, pues no todo era paz y armonía.
Como señal de aviso se tocaba la campana grande de la iglesia, siendo un toque específico ya mencionado en otra ocasión.
La evolución social y cultural nos ha llevado a un mayor individualismo, perdiéndose parte de esas costumbres tan importantes en su tiempo y arraigadas en el pueblo. En fin, yo creo que sigue quedando parte de lo que vimos y aprendimos.
Por sus acertados comentarios en este y otros temas, quiero dar las gracias a mi hermano Moisés, todos tenemos cosas que aportar.
Un saludo para todos.
Emiliano

Entre las muchas y curiosas costumbres que había en Trabazos y demás pueblos de Cabrera, estaba la de "pagar el piso". Consistía en que el novio cuando era forastero, tenía que pagar un convite a los mozos del pueblo de la novia, hecho éste que no siempre lo libraba de acabar metido dentro de un pilón de agua. Esto era más habitual en unos pueblos que en otros, no recordándolo yo en Trabazos. No sé hasta qué punto sería usado como método disuasorio, aunque, a la hora de ofrecerse a una moza para "allumarye" o acompañarla a casa con una luz, pudiera ser un detalle a tener en cuenta.
Quién sabe si alguno-a de ellos-as aplicaba en estas situaciones aquella coplilla que dice así:
"En mi puerta chameste
y estornudeste,
eillí estaba you entoncias,
¿cumu nun entreste?.
Lo más frecuente eran los matrimonios entre mozos y mozas del mismo pueblo; pero en cualquier caso, si la relación de la pareja llegaba al altar, harían el evento y la fiesta en función de los posibles de las familias. Cuando esos posibles lo hacían posible, llevaban a cabo la "tornaboda", que consistía en repetir al día siguiente en la fiesta con sus bailes y convite.
Claro que para llegar ahí, como norma, tenían que pasar la prueba de los "ploclamos" o proclamas, pues algunas veces les era otorgada dispensa por parte del obispo; éstas eran leídas por el sacerdote en la iglesia durante tres domingos consecutivos. Consistían en algo así: "pretenden contraer matrimonio (leían los nombres de los novios); si alguno de los aquí presentes conociese algún impedimento, tiene la obligación de decirlo..." citando luego el número de amonestación. Siempre buscaban el elemento sorpresa en cuanto al día, aunque no siempre lo consiguieran. Una muestra de ello era, quizá, cuando le "echaban el rastro". Consistía en que los mozos hacían un rastro o senda de paja desde la puerta de la casa del novio hasta la de la casa de la novia, quedando al descubierto las intenciones inminentes de la boda.
Como la era virtual estaba un poco lejana, el contacto visual facilitaría las comunicaciones y declaraciones amorosas, siendo tal vez más directas y personales, donde el entorno tendría su importancia. A mi me llama la atención una, quizá por extrema, donde la comunicación era más que mínima y los gestos la señal definitiva. No sé si utilizada en Trabazos, consistía en algo así: "el mozo iba a casa de la moza con una banqueta, si al sentarse a su lado ella no se iba, era que daba su conformidad".
Curiosas costumbres, a ver si alguno-a recuerda y comparte cosillinas, anécdotas, costumbres, etc. Mirad en el baúl, seguro que hay muchas. Animaros.
La foto es del año 1963 (buen año). Gracias Jose, Josefina Cañal Carrera por facilitárnosla. Seguramente algún visitante del blog se reconoce en ella.
Un abrazo para todos.
Emiliano