lunes, 16 de septiembre de 2013

Los tiempos y las gentes...


En el pasado, una de las tareas habituales en el pueblo era el pastoreo de sus ganados, llegando a ser varios los tagayos o rebaños de cabras y ovejas, junto a la veceira de las vacas, siendo por tanto varios los pastores que se juntaban por los montes.
La relación con los de los pueblos limítrofes solía ser buena, pero antes de compartir juegos, pláticas e incluso viandas, cuando se avistaban por los distintos valles y aún antes de conocerse, jugando con las palabras, las voces y los ecos, se dedicaban  a grandes voces ingeniosas, graciosas y punzantes pullas los unos a los otros, sin que nadie se molestara por tal costumbre, ni el calibre que éstas tuvieran. Parece ser que también se extendía entre los del mismo pueblo, sirviendo para la chanza con diversos y finos fines.
Seguramente el repertorio era muy amplio, pues la imaginación de algunos daría para hacer todo tipo de composiciones. Aquí quedan algunas de ellas, recogidas por Lucy de la biblioteca viva que ahora son nuestras madres y abuelas, gracias por llenar este rincón con vuestra sabiduría y memoria.

* ¡Oye! para que quieres el pelo si no lo sabes peinar, para que quieres amores si no los sabes cuidar.

* ¡Oye! ahí te va una pulla por debajo de un escambrón, así te quedes dormida pa verte el repelón.

*¡Oye! Ahí te va una pulla con sal y vinagre, el caballo del cura jodió a tu madre.

*-¡Oye  muchacha! ¿quieres cambiar la racha por la flor de la remolacha?
  -Yo no quiero cambiar nada a cambio de ninguna flor, métete la lengua en el culo que te va a ser mejor.

*¡Oye! ahí te va una pulla por debajo de una escoba, ojalá mañana a estas horas tengas una dixoba.

*¡Oye! retírate de mi presencia, cara de estrecho candil, puchero de cocer macos, barriga de tamboril.


Saludos para todos.