miércoles, 26 de marzo de 2008

La Matanza















La Matanza
La palabra matanza nos puede sonar mal, a desastre, pero esta es otra matanza, a los que vivimos en una época no tan lejana en Trabazos, nos evoca esa imagen rechoncha, bonachona y también sucia de nuestros tan preciados cerdos.
Sabemos que era el alimento básico, junto al pan, las patatas y alguna verdura, en una época de subsistencia para la mayoría de las familias, por lo que era una gran fiesta, donde se reunía una parte de esas familias para ayudarse.

Se madrugaba un poco, y mientras la gente se reunía en torno a un abundante desayuno, se ponía un gran “caldeiro” ( cubo ) de agua a calentar, para que llegada la hora estuviera hirviendo, también nos servía para calentarnos de vez en cuando, porque hacía mucho más frío que ahora, y nevaba, vaya que si nevaba. Después de dar cuenta de las primeras viandas, se iniciaba la batalla con los animales, que se defendían como podían entre gruñidos y envites. Visto desde fuera, el asunto era bastante macabro, pero una vez metido en el ajo, todo era diferente, formaba parte de una normalidad. Una vez muertos, se metían en el “maseiro” y se les echaba el agua hirviendo, para proceder a “raparlos” (pelarlos), mejor el rabo que la oreja y sus recovecos, porque era realmente más trabajoso .

Luego una mano experta de cirujano abre y vacía sus vísceras, procediendo a deshacer y lavar las tripas, tarea que en los últimos años también participábamos los hombres (casi nada), como el agua estaba muy fría, se preparaba el “ferbudo” (vino con miel), que ayudaba un poco.

Con los cerdos ya colgados y todo en orden, se pasaba a la gran comilona, con su cocido completo y bien regado con el vinillo chispeante de la “lladeira”.

Después de una tarde relajada, el día terminaba con la reunión al anochecer para la cena (más comer), jugar a las cartas, repasar la actualidad del pueblo y lo que más nos gustaba a los pequeños, escuchar historias, casi siempre sobre lobos, “estraperlo”, huídos y guardias civiles, que no por repetirse año tras año, perdían el gran interés que despertaban.

Al día siguiente se deshacían los bichos, se salaban los tocinos, jamones, “cachuchas”, etc. Se picaba la carne y se hacía la “zorza”, dejando todo preparado para que la tarea tocara su fin, al meter los embutidos, “ventruyos”, “morciellas”, “andoyas” y demás exquisiteces, que nos deleitarían el resto del año, o hasta que “chegaran”.

Para situarnos en el tiempo, estas fotos fueron tomadas allá por el año 1992.
Emiliano Carrera

1 comentario:

Bernabé dijo...

Muy interesante el comentario. Es cierto que cada matanza era una fiesta, y sobre todo pienso antiguamente lo que debía de representar, pues que de la carne de los animales sacaban para luego alimentarse todo el año, y cambiar también los jamones del cerdo por tocino (claro, la cantidad que daban de carne era mucho mayor y cundía más).